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Portada del Libro Venezuela Petrolera: Primeros Pasos

 

“Venezuela Petrolera: Primeros Pasos 1911-1916” es un título insoslayable en cualquier bibliografía de historia contemporànea venezolana.

No hay libro que intente registrar con propiedad los primeros días de la Venezuela petrolera que no refiera al lector a estos testimonios de primera mano. Fueron compilados por Ralph Arnold, eximio geólogo petrolero estadounidense que tuvo a su cargo el primer catastro geológico exhaustivo que se hiciera de la Venezuela contemporánea.

Desde 1960, fecha de su aparición, “el libro de Arnold”, como llegó a conocérsele, se convirtió en fuente primordial muy valorada por los estudiosos de la civilización petrolera pues recogía testimonios y datos históricos sumamente valiosos para la crónica de los inicios de la actividad petrolera en nuestro país.

Los testimonios de estos primeros sistemáticos exploradores que, desde la prospección petrolera, reconocieron nuestra geografía a comienzos del siglo pasado, se entrelazan para brindarnos un visión muy completa, en más de una ocasión sorprendente, del aspecto que en aquellos años, hace justo un siglo, ofrecía la vida material de Venezuela.

El relato comienza con el viaje de placer qu e emprendieron rumbo a Europa el joven geólogo estadounidense Ralph Arnold y su esposa, a principios de 1911. Un encuentro imprevisto a bordo del trasatlántico cambió el curso de sus planes y, como consecuencia no previsible, también el curso de la historia económica de Venezuela en el siglo XX. Pero, ¿quién era Ralph Arnold? ¿Y con quién se topó a bordo del trasatlántico?

“Un ilustre huésped se alojaba en el hotel mientras estuvimos allí hospedados: el general Cipriano Castro en persona, presidente de Venezuela, derrocado y en el exilio.”

Se trató, ni más ni menos, que de la primera exploración exhaustiva del territorio venezolano con miras al desarollo de una industria petrolera en gran escala. Un esfuerzo que culminó con la llegada del grupo Royal Ducth-Shell a nuestro país, a fines de 1912, hace ya cien años.

Los geólogos del equipo que Arnold armó rara vez pasaron más de un año en el país: el clima y las enfermedades tropicales era permanente amenaza a la salud. No hubo uno solo que no cayese enfermo de paludismo, tal era la insalubridad del medio tropical.

Uno de ellos, Walter R. Nobs, falleció en el curso de su actividad, debido a una devastadora enfermedad tropical y sus restos reposan desde 1913 en un camposanto marabino.

Debieron partir casi literalmente de cero, sin contar todavía con los avances de que hoy dispone la exploración petrolera.

Los mapas que el gobierno puso a su disposición, si bien útiles, eran a menudo inexactos, con errores de escala, inexactitud en las distancias y la toponimia. No pocos señalaban erróneamente el sentido del curso de los ríos.

En los testimonios de los geólogos convocados por Arnold a Venezuela es llamativo el consenso en torno a los valores éticos de que daba muestra la emprobrecida población venezolana. Todos registran una incidencia muy baja de robos y delitos contra la propiedad.

“En muchas ocasiones ― recuerda Macready ― me sorprendió la forma en que se podía confiar dinero en efectivo a los mensajeros. A menudo se les entregaban cantidades superiores a los $ 100 sin que existiese peligro de pérdida,a pesar de que tenían que recorrer descalzos muchas millas de distancia para llegar a su destino, recibiendo salarios inferiores a un dólar diario.”

La mayoría de la población, concentrada en su casi totalidad en las zonas rurales, empobrecida y abatida por endémicas enfermedades tropicales, no participaba del violento juego politico y permanecía como espectadora, soportando sus vicisitudes seculares como espectadora. Vicisitudes como la terrible hambruna que en 1913 diezmó a los habitantes de la Península de Paraguaná, en el estado Falcón.

El libro de Arnold una vívida rodaja de la realidad del país en aquella época, y a ella se añade a todo el material que, siendo un consumado fotógrafo aficionado, dejó a la posteridad como testimonio gráfico de una Venezuela todavía mayoritariamente rural.

En noviembre de 1912, Arnold presentó a la General Asphalt un exhaustivo informe del catastro geológico que, hasta ese momento, abarcaba poco menos quinientos veinte mil kilómetros cuadrados del territrio nacional y cuyo sumario debía convertirse, ni más ni menos, que en instrumento financiero.

“Todo recomendaba comenzar sin demora la primera perforación exploratoria en el sector más prometedor que, en opinión de Arnold y su equipo se hallaba en la localidad de Mene Grande.”

En la actualidad, los expertos suelen destacar la extraordinaria exactitud de aquel asertivo equipo de geólogos al decidir la ubicación del primer pozo de prueba. Los párrafos que el sumario del informe dedica a las coordenadas del pozo de prueba, pese al tono técnico, se dejan leer a la vez como un documento histórico y una profecía.

“De igual modo recomiendo que se proceda a perforar de inmediato un poco de exploración en un punto situado de media milla ( 800 mts.) a tres cuartos de milla ( 1.2 kmts.) al sureste del mene de Mene Grande, en el extremo sur”.

Arnold fue un consumado fotógrafo. No solo utilizaba la fotografía como recurso auxiliar de su trabajo de prospección petrolera, sino que tuvo un ojo empático para con la población y el paisaje de neustro país. Probablemente el nutridísimo archivo de centenares de fotografías capatandas en veinte estados de la nación sean el testimonio más vìvido de la vida material de la Venezuela en los albores de su etapa petrolera.

Este sitio web se inaugura en ocasión de promover la difusión de la traducción a nuestra idioma que su editor, Andrés Duarte Vivas, puso a, fin a la disposición de los estudiosos en el año 2.008.

Nuestra página aspira a convertirse en el repositorio online, libre y gratuito de variadísimo documentos, ya sean históricos, testimoniales, periodísticos, ensayísticos o abiertamente literarios que en alguna medida contribuyan a aprehender la complejidad del hecho petrolero en un país que en 2013 cumplirá cien años de vocación petrolera.

 

 Escrito por: Ibsen Martínez